La idea de un reemplazo del petrodólar por un petroyuan, reactivada por la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, ha despertado dudas sobre un giro de fondo en el orden económico y político internacional. Aun así, el análisis concluye que, aunque el yuan avanza poco a poco en las finanzas globales, sigue sin cumplir una condición decisiva de la estructura que mantuvo al dólar en el centro durante décadas.
La limitación principal, según el texto, es que el propio modelo económico chino depende de seguir acumulando activos denominados en dólares. Por eso, la pieza sostiene que lo que hoy pesa de verdad en las finanzas internacionales son los llamados «chinodólares», y no una nueva petromoneda. Esa lectura enfría las previsiones de un desplazamiento inmediato del dólar como reserva y sitúa la atención en los cambios reales, más allá del ruido geopolítico.
El artículo recuerda que el petrodólar suele vincularse al acuerdo de 1974 firmado por Henry Kissinger con Arabia Saudita, por el que los sauditas venderían petróleo en dólares a cambio de garantías de seguridad de EE. UU. Aunque ese esquema ha sido cuestionado por los intentos de China de comprar crudo en yuanes y por el apoyo de países como Rusia e Irán a mecanismos alternativos, la conclusión es que ese movimiento todavía no altera el predominio estructural del dólar. La distancia entre la expectativa de ruptura y la situación actual, añade el texto, refuerza la necesidad de seguir de cerca cómo se reordena el poder financiero internacional.
