El nuevo rector de la UASD ha colocado como objetivo principal de su gestión celebrar con “pompa y dignidad” los 500 años de la fundación de la Universidad de Santo Domingo en 2038. Pero junto al júbilo que acompaña esa meta, el propio debate histórico expone que la conmemoración no puede reducirse a un despliegue ceremonial sin responder antes a los cuestionamientos que han acompañado la condición de universidad primada de América.
El texto recuerda que la Orden de Frailes Menores fundó en Santo Domingo una universidad construida entre 1508 y 1556, y que décadas después, a través de los jesuitas, impulsó en 1747 la Universidad de Santiago de La Paz y Gorjón, erigida mediante Real Cédula de Fernando VI con privilegios para conferir grados académicos reconocidos por la Corona. Ese recorrido histórico coloca sobre la mesa una discusión institucional que exige rigor, documentación y rendición de cuentas sobre cómo se defenderá la memoria académica del país ante nuevas impugnaciones.
También se reseña que, al momento del reclamo de primacía, los dominicos no pudieron exhibir el original de la bula In Apostulatus Culmine de 1538, extraviado desde la ocupación de Francis Drake, aunque existían copias auténticas, registros notariales y referencias oficiales en el Archivo Vaticano y en el Archivo General de Indias. La ausencia del original fue usada para desestimar la primacía, y el rey resolvió que ninguna universidad podía usar el título de Primada de Las Indias sin autorización de la Corona. En ese contexto, la discusión sobre 2038 queda planteada menos como un asunto de solemnidad que como una prueba de vigilancia institucional para evitar que el discurso conmemorativo vuelva a quedar por delante de las respuestas de fondo.
