La colocación de mallas metálicas alrededor de las columnas del elevado de la avenida 27 de Febrero, presentada por la Alcaldía del Distrito Nacional como parte de una estrategia para preservar espacios públicos recuperados, también evidencia los límites de esa intervención. Pese a que el cabildo aseguró haber recuperado aceras y áreas de la isleta central ocupadas de forma irregular, el propio reporte oficial admite que varios tramos ya han sido afectados por vehículos, que se arroja basura al centro de la isleta y que algunos objetos quedan enganchados en los hierros.
El director de Espacios Públicos, José Aníbal Sanz Melo, explicó que, luego del desalojo, se realizaron trabajos de embellecimiento con pintura en las pilastras y se instalaron nuevas luminarias, además de verjas para delimitar y proteger las estructuras. No obstante, también reconoció que han sido sustraídas lámparas, que otras no operan y que persisten tramos oscuros que favorecen acciones antisociales, aunque —según la Alcaldía— en el área hay vigilancia permanente de agentes policiales.
La medida fue presentada como parte de la visión de rescate urbano de la alcaldesa Carolina Mejía y de la meta de recuperar por completo las aceras en la entrada este de la capital, desde la avenida José Fabián Bonilla hasta las inmediaciones de la Cámara de Cuentas. Sin embargo, el hecho de que la protección del área dependa de verjas, operativos conjuntos con la Policía Nacional y vigilancia continua vuelve a poner sobre la mesa la sostenibilidad real de estas recuperaciones y las respuestas institucionales frente al deterioro, la ocupación y la inseguridad en espacios clave para el tránsito peatonal.
